Senderismo y canoa en la Baja Casamance, SENEGAL

Senderismo y canoa en la Baja Casamance, SENEGAL

Tomando el último sorbo de café en el embarcadero del Hotel Kadiandoumagne, la mirada se pierde hacia el Este y hacia el Oeste en busca de algo que no sea agua.  El tamaño del río es importante y el espectáculo que ofrece llegando al mar, soberbio. La maraña de canales –aquí llamados bolongs– que conforman el delta del río Casamance, son  la excusa perfecta –pienso para mí–para perderse unos días en esta parte del país caminando y navegando en canoas locales. ¿En busca de qué? Pues en busca de pequeñas aldeas rodeadas de arrozales y habitadas de gente amable que en la mayoría de los casos hace un tremendo esfuerzo por sobrevivir en un entorno tan maravilloso como poco amable por momentos.

Con los primeros rayos de sol despuntando sobre Ziguinchor, me embarco junto a Jean-Michel –un amigo y estupendo guía local– en una canoa tradicional de madera en busca de una pequeña población llamada Etama ubicada en el lado norte del río Casamance. Etama no tiene nada en particular, es tan solo una pequeña y remota aldea diolá en el margen de un bolong, pero es la aldea desde la cual empezaremos a caminar en busca de muchas más durante la siguiente semana.

Tres horas a pie atravesando una tierra con aspecto de sabana, nos llevan hasta otra aldea llamada Affinian donde los enormes kapoquiers –ceibas, también llamadas fromagers porque la corteza del árbol se utilizaba para hacer cajas de queso– nos dan la bienvenida y nos cobijan con su sombra hasta el campament en el que comeremos. Plato del día: thieboudienne de pescado.

Tras la comida, la misma canoa que nos llevó hasta Etama nos está esperando para continuar navegando por los bolongs en dirección a Enampore, otra bonita aldea diolá donde pasaremos la noche en el Campement Villageois bajo el techo de una câse impluvium, un tipo de vivienda tradicional única en África.

El objetivo del segundo día es alcanzar un remoto pueblo situado en el margen norte del río llamado Niomoune, pero antes de llegar hasta allí nos detenemos en Eloubaline, una aldea tradicional donde la vida transcurre de un modo duro y áspero y que tiene el honor se poseer la mayor cantidad de câses impluvium de la región. Al igual que en los pueblos que ya hemos visto y en todos los que nos quedan por ver, en cuanto ponemos pie a tierra, los habitantes y en especial los niños pequeños se van acercando poco a poco a nosotros atraídos por la curiosidad pero con mucho precaución y respeto.

Dejar Eloubaline puede no resultar sencillo si uno gusta de conversar con la gente, pero hemos de continuar ya que los días no son demasiado largos es esta parte del mundo. Djiromaite y la Pointe St. George son las siguientes paradas en la ruta antes de llegar a finalmente a Niomoune, donde un matrimonio senegalo-helvético que regenta el Campement Alouga nos está esperando para cenar. El baño en el bolong aprovechando los últimos instantes de luz, bien merece la pena.

El tercer día de viaje, tras un sencillo pero deliciosos desayuno atravesamos Nioumoune en dirección a Hitou y somos testigos de algo que en pocos años puede cambiar el estilo de vida de esta y otras aldeas cercanas. El avance del mar debido al aumento del nivel del agua ha alcanzado los arrozales de la comunidad y una buena parte son ya inservibles. Según me cuentan, algunos locales han empezado a mudarse a poblaciones cercanas, lo cual es un mal síntoma para el futuro.

Tras dos horas de caminata y diez minutos de canoa de por medio para cruzar un bolong, llegamos a Hitou donde niños y más niños salen de todos los rincones para acompañarnos en nuestro andar hasta el embarcadero. De nuevo allí nos espera la canoa para llevarnos hasta la isla de Carabane, una tranquila isla cercana a la desembocadura del río Casamance donde la tarde pasa rápido entre la playa, el pueblo y el escaso legado francés que aún se mantiene en pie.

Al día siguiente Jean-Michel me recomienda levantarnos un poco más temprano para aprovechar mejor el día, de manera que con las primeras luces del alba ya estamos listos para tomar el desayuno. En un par de horas hemos cruzado la isla hasta llegar a Kafar. Allí nos está esperando con máxima diligencia la piragua que ha de llevarnos hasta Vindaye, un tranquilo pueblo donde tenemos la suerte de ver una pequeña productora de miel que hay cerca del embarcadero. Imposible no llevarse algún tarro. Dejando atrás más y más arrozales, llegamos al otro lado de la isla donde un amigo de Jean-Michel nos está esperando para degustar una de las delicias locales: ostras de manglar. Las hay a centenas y no hay problema de cantidad, solo el estómago decide cuando es suficiente.

El trayecto en canoa por los bolongs tras la comida es de aquellos que merece la pena disfrutar y saborear antes del desembarque cerca de Bouyouye, una aldea famosa por sus enormes kapoquiers. Dos horas a pie y por fin estamos en Oudja Hotel, un bonito y sencillo alojamiento frente al mar donde voy a pasar las siguientes dos noches. Desde este lugar y siempre acompañado de mi inseparable amigo Jean-Michel, visito el Ecopark de Augustin Diatta, un diolá afable y bonachón que vivió durante varios años en Suecia antes de regresar a su amada tierra y dedicarse de manera incansable a dar a conocer su hogar. Visita interesante es también la del Museo Sangawatt camino de Djembering. Al margen de todo lo que se aprende en este particular museo al aire libre, una de las cosas más interesantes de todas es conocer a Karfa, el antropólogo que lo creó y que casualmente es el feticheur (literalmente: brujo en las creencias animistas) de su comunidad. Quien no quiera saber, que no le haga leer su porvenir en las caracolas.

Tras dos relajantes días acompañados de otros tantos baños en el océano, continuamos nuestro camino por estas agradables tierras. A lo largo de la jornada caminamos desde la orilla del mar hasta el pueblo de Boucotte, dejando atrás bosques y arrozales, navegamos en canoa hasta la pequeña aldea de Egay y desde allí de nuevo a pie hasta llegar al hogar de Sibiloumbay Dhiedhou, el Rey de Oussouye. Pese haberlo conocido años atrás en una de mis visitas a la región, de nuevo me acerco a saludarlo en compañía de Jean-Michel ya que para él siempre es un honor verlo si anda por ahí. Vestido de rojo majestuoso, con su bonete y su cetro –es tradición que lleve una especie de escoba para mediar en los conflictos– nos atiende cerca de su casa, charlamos un rato y al poco nos vamos con su bendición. Personaje interesante que el mismísimo presidente del país baja a visitar si es necesario ya que entre otras curiosidades, él no podrá salir nunca más de su reino. No todo van a ser concubinas.

De nuevo cae la noche en la Casamance y de nuevo me despierto para iniciar la última jornada de mi viaje a pie. Tras desayunar empezamos a caminar en dirección a Singalen, un pequeño pueblo –si no barrio– al lado de Oussouye. Allí nos detenemos a ver una pequeña productora local de anacardos llevada de magnífica manera por Mr. Joseph, un diolá que el día que se jubiló después de trabajar para el gobierno, decidió invertir el poco dinero que tenía ahorrado en un proyecto que involucraría a gente marginada: discapacitados, madres solteras…

Tras la visita continuamos nuestra andadura bajo las sombras de los anacarderos primero y a campo abierto más tarde, hasta llegar a Mlomp, una preciosa aldea animista que vale la pena visitar entre otras cosas por sus maison à étages, o lo que es lo mismo, sus casas de adobe de dos pisos. La más bonita y antigua de todas se encuentra un poco al interior, detrás de la maison à étages que hay junto a la carretera que atraviesa el pueblo. Leon o Yannick, dos jóvenes locales que ejercen de guía cuando algún curioso se acerca por allí, nunca andan lejos, de modo que no tardan en aparecer –Yannick en este caso– para llevarnos hasta las maison à étages y de paso mostrarnos un pequeño e interesante museo con objetos de la cultura diolá. De ahí hasta Ziguinchor, en vehículo. Con el calor de hoy los pies me lo agradecen.

DATOS DE INTERÉS:

  • PRECIO: Consultar con la agencia.
  • HAY QUE SABER: Entre junio y agosto es época de lluvias pero no es nada especialmente preocupante..
  • CONTACTO: casamance-ecoparc.com


Vaanui
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