Fotografía: Tras la pista del cacao, SANTO TOMÉ y PRÍNCIPE

Roça Monte Café. SANTO TOMÉ Y PRÍNCIPE

En el año 1908, en el momento de su mayor apogeo económico, Santo Tomé y Príncipe llegó a ser el mayor productor mundial de cacao. Este dato que pasaría desapercibido en caso de poseerlo cualquier otra ex-colonia portuguesa, resulta tremendamente llamativo cuando el país en cuestión es el segundo más pequeño de África. Entre las densas selvas de sus escasos 964 km²,  se levantaron más de 150 roças (plantaciones) de cacao y café que fueron administradas por compañías portuguesas y terratenientes absentistas. Pese a la abolición de la esclavitud en el año 1876, los trabajos forzosos en régimen de semi esclavitud continuaban aplicándose en los territorios lusos de ultramar, convirtiéndose en el alma de la enorme producción.

Con la marcha de los colonos, el lujo y la ostentación de todas aquellas roças dio la bienvenida a unos nuevos inquilinos, los descendientes de los esclavos angoleños, mozambiqueños y caboverdianos que durante los siglos XIX y XX fueron objeto de compraventa constante y que hoy en día ven ante sus ojos como la antigua arquitectura colonial languidece poco a poco entre la nostalgia, el olvido y el abandono. Pero como dice el mantra de las islas: leve-leve, despacito y sin prisa.

 


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